Sunday, December 09, 2007

COMPARACIONES ODIOSAS

Desde que con el sudor de mi frente ayudo a aumentar la riqueza de este (bendito) país, debo decir que esta semana ha sido una de las más duras de mi vida. El domingo pasado volví a Inglaterra y después de casi 10 horas de viaje, conseguí llegar al hotel. Afortunadamente, el hotel, que estaba en Maidenhead, estaba muy bien, no era como el de Birmingham. Como decía, tardé cerca de 10 horas en llegar al hotel y es que, salí de casa a las 17:30h. y llegué a las 2h. de Inglaterra, o sea, una hora más en casa... Resulta que el vuelo salió con retraso de Barcelona, pero lo peor estaba por llegar en el aeropuerto de Heathrow, en Londres. Después de tardar unos cuantos minutos en bajar del avión, una gran cola nos estaba esperando. Era la cola en la que mostrábamos nuestros documentos de identidad, con el fin de que consigan que no se meta en el país algún indeseable. Lo malo es que te hacen sentir como un criminal, pero bueno... Después de unos 20 minutos de cola y una gran pateada por el aeropuerto, consigo llegar a la zona de entrega de maletas, pero cuál es mi sorpresa cuando en los monitores no aparece el número de mi vuelo. Nos hemos juntado unos ocho vuelos y nadie sabe por dónde saldrá su equipaje. Al cabo de un rato, una persona anuncia que puede tardar más de una hora en aparacer las maletas. ¿Más de una hora? Pensé que sería una broma, pero no, es cierto, tardo una hora y tres cuartos en tener mi maleta en las manos. Como dijo un chico que hablaba por teléfono, "this is a total disasater". Lo siguiente era conseguir un taxi que me llevase al hotel y como nos habían dado el equipaje casi a la vez a todos, pues las colas en los taxis fueron alucinantes. Más de media hora esperando y muriéndome de frío. Afortunadamente, el taxista es simpático y me deja en el hotel después de abonar las 69 libras de rigor.
Las comparaciones son odiosas, pero, evidentemente, no pude dejar de pensar en qué hubiese pasado si esa espera tan larga es en España y creo que, bueno, con sus muchos defectos, pues España tampoco está tan mal. De hecho, tres días después pude, de nuevo, hacer otra comparación después de tardar 3 horas en recorrer 20 kilómetros. No estoy exagerando, 3 horas. Parece ser que hubo un accidente en la autopista que provocó un colapso enorme. La verdad es que nunca había visto algo así; lo más parecido que había vivido fue una gran caravana saliendo de Madrid para ir a Benidorm. Voiviendo a la caravana inglesa, debo decir que la gente se comportó muy bien, estaba muy tranquila, nadie pitaba ni cambiaba de carril de manera compulsiva, sin embargo, ¡3 horas! No sé, me imagino que fue algo muy fuerte, pero de todas, maneras me parece exagerado, así que la única opción que me queda es pensar que quien gestiono la emergencia es un patán.
Así que, pues bueno, probablemente, ni España es tan cutre, aunque si un poco, ni Inglaterra es el paraíso.

Thursday, December 06, 2007

ME VOY A YEMEN

Como algunos ya sabréis, formo parte del servicio secreto de la República Independiente de mi Empresa y me han enviado, junto con otros compañeros, a Inglaterra en misión especial para ver cómo se las gastan otras repúblicas y reinos empresariales. Ahora mismo, estoy en Maidenhead, un pueblo cercano a Londres, pero la semana pasada estuve en Birmingham, ciudad de la que sólo conocía el Aston Villa y Black Sabbath.
Llegamos el martes de la semana pasada después de haber hecho escala en Bruselas y, bueno, la primera en la frente, pierden la maleta de uno de mis compañeros. No está mal… Cogimos el taxi para ir al hotel y resultó que no aceptaba tarjetas, con lo cual, tuvimos que ir a un cajero a sacar dinerito. Al final, 27 libras por la vueltecita… Bueno, finalmente, conseguimos salir del taxi y entramos en el hotel, el cual me parecía guapo. Por fuera era uno de esos típicos edificios ingleses del siglo XIX y la zona de recepción también me pareció bien, sin embargo, ¡cuál fue mi sorpresa al ver la mierda de habitación que tenía! Parece ser que según la página web en que aparezca, pues le otorgan 2 ó 3 estrellas. Bueno, yo puedo asegurar que en España hay hoteles de esa categoría que le dan cien patadas. Los pasillos que iban a las habitaciones eran muy estrechos y mi habitación, enana y con una cama más pequeña todavía; eso sin contar las ventanas, que no dejaban de hacer ruido por la noche debido al aire que soplaba. Pero lo peor fue cuando puse la televisión y comprobé que no tenían TVE Internacional (es que le tengo un cariño especial a este canal desde que estuve en Rumanía en otra misión…), bueno, de hecho no tenían un solo canal que no fuese inglés. Y es que, al menos yo, cuando estoy fuera, me gusta poner la televisión y entender todo sin tener que prestar mi atención al 100%. Parece una tontería, pero agota estar todo el día escuchando a la gente hablar en otro idioma distinto al tuyo. Al final supimos porqué era así el hotel y es que, antiguamente, había sido un reformatorio. La verdad es que del hotel poco más hay que decir, a parte de que era un gran pedazo de mierda.
La ciudad… Bueno, tampoco me gustó especialmente, aún conserva parte de su pasado industrial, lo que hace que no sea especialmente bonita. De hecho, las guías de viaje me hacen gracia porque, con tal de venderte el producto, o sea el país, ciudad o región de turno, pues te dicen que es una maravilla y te la pintan de tal manera que entran ganas de ir, cuando en realidad no hay nada. No digo que Birmingham no tenga sus cosas bonitas, que seguro que las tiene, pero no se las encontré. Debo decir que mi disposición no era la mejor, tenía unas ganas locas por volver a casa, o sea que puede ser que esté exagerando, aunque la verdad, lo dudo.
Bueno, al menos, eso sí, nuestros espiados eran buenas personas, se portaron muy bien con nosotros y encima, en su puesto de trabajo, tenían una ¡Wii! Eso es lo que yo digo, que los puestos de trabajo sean sitios en los que, por lo menos, estés bien, vas a pasar 8 horas al día, así que, mejor estar cómodo y que el tiempo se pase de la mejor manera posible.
Finalmente, llegó el viernes y tenía que volver a casa. Por fin. Llegué al aeropuerto con tiempo de sobra y veo que hay un retraso de una hora, con lo cual aún faltan 2 horas y 55 minutos para que abran las puertas del avión. Evidentemente, me cago en todo, pero me cargo de paciencia y me siento a esperar. Simplemente, esperar. Tenía tantas ganas de coger el avión y marcharme que no concebía otra casa que mirar el monitor que indicaba el tiempo que faltaba para la apertura de las puertas, nada de escuchar música, nada de leer y nada de comprar. Lo reconozco, a veces tengo reacciones un poco raras, pero es que no puedo evitarlo, sólo tengo una cosa en la cabeza y no puedo desviar mi atención.
Al final, no sé cómo, entablé conversación con una chica de Barcelona que tenía que coger mi vuelo y me dice que ha estado toda la semana en la ciudad y que lo ha pasado mal porque la ciudad no le gusta. Sigo escuchándola y veo que se le humedecen los ojos… Pienso: “¿Eh...?”. La miró fijamente y vuelvo a pensar: “¿Eh…?”. Al final, me digo: “Sí, sí, está llorando”. Bueno, fueron un par de lágrimas nada más, pero suficientes para que me dejase flipado. No le dije nada, pero me di cuenta de que, al menos en Birmingham, una persona lo había pasado peor que yo.